En conferencia de prensa, José Madero fue claro: no le importaba hacer sold out. Y quizás era verdad. Pero a sus fans sí.
Porque este concierto en el Estadio GNP no se trataba de números, ni de taquilla, ni de récords. Se trataba de algo mucho más grande: demostrar que un artista que nunca encajó en la fórmula comercial, que viene de la polémica, del hate, de las funas y de no querer gustarle a todos… podía convocar a 62 mil personas que sí lo entienden. Y eso fue exactamente lo que pasó.
Desde temprano, el ritual comenzó a tomar forma. El dress code no es una ocurrencia reciente. Desde la era Giallo, cuando el amarillo pintó a sus seguidores, los colores de los discos de Pepe se convirtieron en una especie de liturgia colectiva.
Esta vez tocaba lila. Morado. Érase una bestia. Y ahí estaban: parejas, grupos de amigos, personas que llegaron solas, papás con hijos, fans que viajaron horas, todos vestidos como si asistieran a una ceremonia que solo ellos entienden.
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Antes de las 8 de la noche, varios puestos ya pedían más mercancía. Las tallas se agotaron. La emoción no cabía en las filas.
No hubo pose de super estrella frente a 62 mil asistentes, sino la naturalidad de quien está acostumbrado a dejar que las canciones hablen por él. El concierto abrió con Baila Conmigo, Gardenias 86, Plural siendo singular, Lamentable y 1980, y desde los primeros minutos quedó claro algo que pocos artistas pueden presumir: no hay canción en su repertorio, que el público no se sepa completa.
Esa complicidad entre artista y audiencia fue una constante durante casi cuatro horas de show y 45 canciones que funcionaron como un recorrido por todas sus etapas.

“Nunca dirán felicidades”: la frase de Documentales que 62 mil fans le dedicaron a José Madero
En la canción Documentales hay una frase que dice: “Nunca dirán ‘felicidades’, enhorabuena, por fin lo lograste”. Esa línea, escrita en otro contexto y en otro momento de su carrera, adquirió un significado distinto cuando 62 mil personas la cantaron a todo pulmón y prácticamente se la dedicaron. La ironía era evidente: lo que parecía una reflexión solitaria, se convirtió en un mensaje colectivo de celebración.
Ese momento resumió perfectamente la noche. José Madero, quien ha dicho en varias ocasiones “nunca fui ese alguien tan importante”, estaba frente a un estadio lleno que confirmaba exactamente lo contrario.
El recorrido musical continuó con temas como Final Ruin acompañada de mariachi, Noche de brujas, Violencia, Zero, Codependientes, Cum laude, Sin ampérsand, La petite mort y Padre nuestro, demostrando la amplitud de su catálogo y la forma en que ha sabido construir una identidad sonora propia fuera de Pxndx.

Sin embargo, el momento de mayor nostalgia llegó con Narcisista por excelencia, el primer sencillo de Amantes sunt amentes que en su momento llegó al Billboard Hot Latin Songs y que sigue siendo uno de los puentes más fuertes entre su pasado y su presente.
El regreso de Pxndx es una de las peticiones más frecuentes entre sus seguidores. Algunos consideran que no lo necesita en absoluto para seguir llenando recintos, mientras otros aseguran que la banda podría llenar varios Estadios GNP sin dificultad.
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José Madero hace historia como solista de rock mexicano al llenar el Estadio GNP
Uno de los momentos más inesperados del concierto fue el set acústico. José Madero se quedó solo en el escenario, sin su banda, únicamente con su guitarra frente a las 62 mil personas que guardaron un silencio casi absoluto para escuchar Nueva Inglaterra, Los de septiembre, Noche de baile y los covers de Heartbreak Station de Cinderella y Every Rose Has Its Thorn de Poison.
Lejos de cerrar de manera convencional, el encore sorprendió por su duración: 10 canciones más que incluyeron Lunes 28, O discordia, Chipinque, Día de mayo y Sinmigo, entre otras. El último regalo de la noche fue Nuestra aflicción, del álbum Poetics de Pxndx, un guiño directo a sus raíces y a la historia que comparte con gran parte del público que estuvo presente.

Durante todo el concierto se vivieron escenas que parecían sacadas de otro tipo de evento: fans disfrazados de teletubbies morados, parejas comprometiéndose entre canciones, flores azotadas en el escenario, los pasos prohibidos de baile, una camisa de fuerza y una sensación constante de que, aun con casi cuatro horas de música, no era suficiente.
José Madero ha sido, desde sus años con Pxndx, un artista rodeado de polémica, críticas y episodios de hate que lo colocaron en el centro de múltiples conversaciones. Sin embargo, también ha construido algo que muchos artistas envidiarían: un grupo de seguidores que no lo abandonó cuando decidió comenzar su camino en solitario y que ha crecido junto a él a lo largo de los años.
Con este concierto, se convierte en el primer artista de rock mexicano en solitario en la década en llenar el Estadio GNP, consolidando su lugar dentro de la escena musical nacional no por tendencia, sino por conexión real con su audiencia.
Como dice en Lamentable: “Si soy ese cabrón con poca conversación”. No habló demasiado durante la noche, pero se tomó el tiempo para agradecer. Y todo lo que ocurrió en el escenario habló por él.
José Madero pasó de ser peón a convertirse en el señor de su propio feudo. Dejó de ser un 62 para transformarse en un 100 por ciento y en un buen pensamiento. Tal vez no fue el primero en llegar, pero sí fue un campeón que construyó todo lo que tiene sin que nadie le hiciera el favor.

