Netflix apuesta por el cine coreano con El Gran Diluvio, una historia que, aunque se presenta como un relato apocalíptico marcado por una inundación masiva, en realidad es un drama de ciencia ficción que cuestiona la ética, la memoria y la idea misma de lo que significa “salvar a la humanidad”.
Lejos del espectáculo de destrucción típico de Hollywood, la película propone una experiencia más íntima, asfixiante y moralmente incómoda, donde el verdadero peligro no es el agua… sino las decisiones que toman sus personajes.
¿De qué se trata El Gran Diluvio?
El Gran Diluvio utiliza la inundación como telón de fondo para hablar de supervivencia. La historia se centra en An-na, una científica que trabaja en un proyecto tecnológico diseñado para preservar a la humanidad ante un colapso global.
En este mundo, la Inteligencia Artificial es la última esperanza: cuerpos sintéticos capaces de pensar como humanos, pero sin emociones. El dilema surge cuando la ciencia avanza más rápido que la ética.

La película combina tensión constante, momentos emotivos y una sensación permanente de cuenta regresiva, dejando claro que no todas las soluciones científicas garantizan un futuro humano.
An-na es el corazón de la película. Tras la desaparición de su jefa, queda a cargo de finalizar un proyecto clave para la preservación de la humanidad. De ese experimento nace un niño artificial: la primera creación exitosa, diseñada no para vivir, sino para aprender.
El problema es que el niño comienza a ocupar un lugar emocional que el proyecto nunca contempló. Para An-na, deja de ser un experimento y se convierte en alguien que no puede abandonar, incluso cuando su cuerpo ya no es “necesario” para cumplir la misión.
Ahí arranca el verdadero conflicto: ¿hasta dónde puede llegar la ciencia antes de deshumanizar por completo a quienes intenta salvar?
⚠️ Final explicado de El Gran Diluvio (spoilers)
La parte más desconcertante de la película ocurre cuando An-na es enviada al espacio como parte del plan para evitar la extinción humana. En lugar de un rescate definitivo, queda atrapada en un bucle temporal-espacial donde revive una y otra vez ciertos eventos.
No todo es una simulación. Parte de lo que vemos corresponde a las últimas 24 horas de su vida, repetidas múltiples veces. Las cifras en su vestimenta funcionan como una pista: cada número representa un intento fallido por salvar al niño.
Con ayuda de Hee-jo, un hombre de moral ambigua que oscila entre protector y amenaza, An-na logra evadir a la seguridad del centro y reencontrarse con el menor. El giro clave es que el escondite del niño existe gracias a una instrucción que ella misma dio en uno de los bucles anteriores, demostrando que su lucha no era solo científica, sino profundamente personal.
¿Qué significa realmente el final?
Al final, ambos reciben cuerpos sintéticos y parecen regresar juntos “a casa”. La película nunca confirma si esta escena es una realidad, una simulación o una variante más del bucle. Esa ambigüedad no es un error: es el mensaje.
El Gran Diluvio plantea una pregunta incómoda: si el mundo físico colapsa, ¿una conciencia digital sigue siendo humana? ¿Salvar recuerdos y aprendizaje equivale a salvar vidas?

