“¿Eres feliz?”. Con esas dos palabras comenzó la historia de Bring Me To Life, el tema que no solo lanzó a Evanescence al estrellato mundial, sino que terminó marcando a toda una generación que creció a inicios de los años 2000 entre guitarras pesadas, dramatismo gótico y emociones sin filtro.
Cuando Amy Lee escribió la primera versión de la canción, tenía apenas 19 años y atravesaba una relación personal complicada. La pregunta que Josh Hartzler, entonces terapeuta cercano a la banda le lanzó sin previo aviso la dejó expuesta y pensando.
De ese momento nació una letra que hablaba de sentirse dormida por dentro y de la necesidad urgente de volver a sentir algo real. Años después, esa vulnerabilidad se convertiría en el corazón de uno de los himnos más reconocibles del rock del nuevo milenio.

De demo personal a sencillo global
El camino de Bring Me To Life no fue inmediato. Evanescence pasó años tocando en circuitos pequeños hasta que firmó con Wind-Up Records y entró al estudio para grabar su álbum debut, Fallen. La canción fue pulida, reescrita y potenciada con arreglos orquestales que Amy defendió con uñas y dientes frente al sello.
No todas las batallas se ganaron. En plena era del nu metal, la disquera exigió la inclusión de una voz masculina rapeada para “equilibrar” el tema y hacerlo más comercial. Así entró Paul McCoy, de 12 Stones, en una decisión que la banda aceptó como concesión, no como visión creativa original.
Más allá del rap, el verdadero temor de Evanescence era quedar atrapados en una etiqueta pasajera. Amy Lee lo ha dicho con claridad: no querían que su primera carta de presentación diera una idea equivocada de lo que la banda podía ser. Su identidad siempre fue más amplia: metal, electrónica, piano clásico y una estética gótica que no encajaba del todo en ninguna moda.
Paradójicamente, esa mezcla fue justo lo que hizo que Bring Me To Life destacara frente a todo lo que sonaba en la radio en 2003.

La canción llegó a un público masivo cuando fue incluida en la banda sonora de Daredevil. Aunque la película pasó sin gloria, el tema explotó en radio y televisión. De pronto, Evanescence tenía fans en países donde nunca había tocado, y la gira mundial dejó de ser un sueño lejano.
El videoclip con Amy colgando de un edificio en una noche oscura se volvió un ícono visual de la era MTV. Años después, su impacto se mantiene: el video supera los mil millones de reproducciones y sigue circulando como una cápsula intacta del espíritu millennial.
Bring Me To Life entró al top 10 en más de 15 países, fue triple platino en Estados Unidos y empujó a Fallen a vender más de 17 millones de copias en todo el mundo. En febrero de 2004, Evanescence ganó dos premios Grammy, incluido Mejor Artista Nuevo, confirmando que no eran un fenómeno pasajero.
Para Amy Lee, sin embargo, el éxito llegó acompañado de vértigo: giras interminables, cambios internos en la banda y una fama para la que nadie está realmente preparado a los 21 años.
Con el tiempo, Amy ha hecho las paces incluso con la parte más discutida del tema. En 2023, Evanescence lanzó la demo original sin rap para celebrar el 20 aniversario de Fallen, una forma de honrar la versión más cercana a su idea inicial.
Rap o no, Bring Me To Life permanece como uno de los himnos definitivos del rock de los 2000: emocional, teatral y honesto. Y como cierre casi cinematográfico, la historia vuelve a su origen: Josh Hartzler, el hombre que hizo la pregunta clave, terminó casándose con Amy Lee.


